Muere por covid el último indígena varón de los juma de Brasil

Una insuficiencia respiratoria aguda combinada con una infección hizo que el anciano no superará la enfermedad, según el diario digital Amazonia Real.

Yordan Roque Álvarez, 20/02/2021, 14:45h

El indígena brasileño Aruká Juma tenía entre 86 y 90 años cuando este miércoles murió por complicaciones del coronavirus en la UCI de un hospital de Porto Velho, una ciudad incrustada en la Amazonia, a 120 kilómetros por carretera y dos horas en barco de su aldea. Su fallecimiento, como los 1.150 registrados en esa jornada en todo Brasil, fue una tragedia para sus allegados, pero Aruká era también el último varón del pueblo juma, memoria viva de saberes ancestrales y superviviente de una matanza para exterminar a los suyos. Las tres hijas que deja son las últimas de un pueblo que en el siglo XVIII tuvo entre 12.000 y 15.000 miembros.

Una insuficiencia respiratoria aguda combinada con una infección hizo que el anciano no superará la enfermedad, según el diario digital Amazonia Real. De joven sobrevivió con otros seis jumas a una masacre perpetrada por encargo de comerciantes interesados en el caucho y las castañas de su tierra, según la detallada información del Instituto Socioambiental sobre cada una de los cientos de etnias de Brasil. Cazados como si fueran monos, murieron unos 60 indígenas. Fue el último intento de exterminio masivo que sufrió esta tribu, descrita por los cronistas como antropófagos, perversos y feroces, y contactada a mediados del XX.

El caso de Aruká ilustra cómo la pandemia afecta a los indígenas que viven en aldeas de Brasil, el segundo país donde más estragos ha causado el coronavirus. Tres cifras resumen el drama nacional: 242.000 muertos, casi diez millones de contagios y un desempleo del 14%. Entre los indígenas que viven en aldeas ―una pequeña minoría especialmente vulnerable que habita un vastísimo territorio—, la covid ha matado a 567 personas. La vida de este juma ofrece, además, una mirada a la historia de estas comunidades diezmadas desde la colonización portuguesa y que resultan esenciales para la conservación de la Amazonia, la mayor selva tropical del mundo. Claves, por tanto, para frenar el cambio climático.