Asesinatos selectivos aterrorizan Afganistán

Acostumbrados a décadas de bombardeos, combates en las calles u operaciones yihadistas, ahora son las bombas lapa y el tiro en la nuca quienes siembran el terror entre una nueva generación de afganos 

Nueva generación de afganos amenazados por el terrorismo aleatorio, con Tiro en la nuca

Yordan Roque Álvarez, 21/02/2021, 14:45h

Gobierno y talibanes se acusan mutuamente de la oleada de ataques en Kabul que ha dejado ya 180 muertos.

En la misma semana en la que se cumplía un año sin un solo soldado de Estados Unidos muerto en combate en Afganistán, los afganos han celebrado funerales diarios de víctimas de asesinatos selectivos. Kabul es el epicentro de esta oleada de ataques que comenzaron hace un año, coincidiendo con el acuerdo de paz entre talibanes y tropas norteamericanas y el posterior diálogo directo entre Gobierno e insurgentes. Una oleada de violencia en la que ningún grupo reivindica las acciones y talibanes y Ejecutivo se culpan mutuamente.

Periodistas, activistas de derechos humanos, jueces, figuras religiosas, personalidades políticas… están desde entonces en el punto de mira y más de 180 personas ya han sido asesinadas. Ayer la lista sumó otros cinco muertos como resultado de tres explosiones en Kabul en las que, como se ha vuelto habitual, nadie asume su autoría.

Acostumbrados a décadas de bombardeos, combates en las calles u operaciones yihadistas, ahora son las bombas lapa y el tiro en la nuca quienes siembran el terror entre una nueva generación de afganos que soñaban con ver la salida al túnel de la violencia gracias al proceso de Catar.

Los enviados del Ejecutivo y los talibanes, enfrentados desde 2001, mantienen conversaciones en el Golfo. La insurgencia ha detenido sus acciones contra las fuerzas extranjeras, cuya salida del país está en marcha, pero ha intensificado su campaña contra el Ejército y la Policía de Afganistán. Las autoridades les acusan de estar detrás de la oleada de asesinatos, pero ellos lo niegan. «Condenamos estos crímenes y rechazamos las acusaciones sobre nuestra implicación. Empleados del Gobierno, activistas, trabajadores independientes… nunca han sido nuestros objetivos», escribió en Twitter Zabihullah Mujahid, portavoz talibán.

Los sargentos Javier Jaguar y Antonio Rey, ambos de 28 años, fueron los últimos soldados estadounidenses en caer en combate en suelo afgano, pero eso no significa que la guerra haya terminado. Los afganos siguen sumando nombres a esa lista interminable de bajas en la que figuran Fereshteh Kohestani, activista de los derechos de la mujer; Rahmatullah Nikzad, presidente del sindicato de periodistas de Ghazni; Fardin Amni, presentador del canal Ariana; Malala Maiwand, periodista en Nangarhar; Elyaas Dayee, periodista de Radio Azadi… Los que pueden, abandonan el país porque no se sienten seguros. Los que no, se juegan cada día la vida.